Me ha gustado conocer hoy la iniciativa #icanhazpdf ¿de qué se trata? Pues de algo tan simple como un hashtag de twitter que sirve para pedir que quien tenga acceso a un artículo te lo remita. Así de sencillo.
Es posible que mucha gente no esté al tanto de las dificultades para acceder a la literatura científica, porque no, no todo está a tiro de Google. La mayoría de publicaciones científicas son de pago (de pagar mucho además), y habitan bajo el paraguas de un pequeño grupo de gigantes de la edición mundial.
En los últimos años se han popularizado, con impulso incluso de las instituciones públicas, las culturas del Open Access y de los repositorios abiertos, en los que cada institución cuelga de manera accesible la producción emanada de su propia actividad. Esto es de justicia especialmente en el caso de las universidades e instituciones públicas, donde lo habitual es primero pagar al investigador y luego comprar su trabajo a las editoriales. Por cierto, tampoco crean que el investigador se lleva nada por el camino: a veces hasta paga. Esta vía parece adecuada aunque queda por resolver satisfactoriamente el tema de la revisión por pares, auténtica piedra angular del prestigio de las revistas.
La cosa tiene mucha miga, y un buen ejemplo de ello es la reciente afición por parte de los grupos de presión de las grandes editoriales como Elsevier a comprar congresistas norteamericanos (vía contribuciones de campaña, que es como suelen funcionar las cosas allí) ¿El objetivo? Impedir el desarrollo del reglamento que obliga a que todos los resultados de las investigaciones biomédicas financiadas por los contribuyentes estén disponibles en el repositorio PubMed Central antes de un año.
Recientemente ha tenido cierto eco también el boicot que Timothy Gowers, de la Universidad de Cambridge, le ha declarado a la editorial Elsevier, al que se han unido miles de científicos en todo el mundo. El matemático publicó una entrada en su blog el pasado 21 de enero titulada Elsevier — my part in its downfall, que luego de un rápido despegue fue relanzada por The Economist. Son miles de investigadores (5909 en el momento que escribo esto) los que están firmando un compromiso en línea diseñado por Tyler Neylon – otro matemático – de no postular sus trabajos a las miles de revistas que maneja el gigante holandés.
Hasta la fecha, las críticas al estado de la publicación científica eran muy frecuentes en las cafeterías de los institutos de investigación pero, salvo curiosos e inspiradores casos de desobediencia civil como el de Aaron Swartz (que liberó miles de documentos de la base de datos de publicaciones académicas JSTOR en redes p2p) no se atisbaba un estado general de resistencia hacia un modelo caduco, en este caso más por su falta de retorno a lo común que de viabilidad económica, gracias a una situación de oligopolio alimentado con dinero público.
Pero si la comunidad académica decide que las “majors” de la ciencia “no les representan” y se montan un buen sistema revisión por pares este será también un modelo finiquitado porque, al fin y al cabo, se puede publicar sin editorial pero no editar sin contenidos. Ni que decir tiene que el giro pasa también por acabar con los sistemas de promoción profesional que se basan precisamente en publicar en esas revistas.
Volviendo a la anécdota con que iniciaba el artículo se puede decir que #icanhazpdf, más allá de su utilidad inmediata, es un reflejo de que la cultura colaborativa también puede prender en un mundo tan competitivo como el de la investigación y dar el impulso que la gran y pesada rueda necesita para empezar a girar. Más allá del uso inteligente de una herramienta se puede decir que es destello de lo que –esperemos- está por venir.